
Los seres humanos somos los únicos capaces de hablar en el sentido de un lenguaje verbal complejo, entendiendo que hay quienes tienen limitaciones en el habla por diferentes causas. Sin embargo el Creador no capacitó a los animales con el habla, aunque ellos se comunican de diversas formas para situaciones específicas, no pueden desarrollar nuevas ideas ni la expresión de conceptos.
El hablar envuelve mucho en el plano científico (anatómico y fisiológico), pero no es el propósito en este tema . El ser humano es impactado por lo que recibe de su medio ambiente. Cuando se ha vivido desde niño en una región específica aprendemos su idioma con el que nos comunicaremos, hasta llega a convertirse en parte de una identidad, vemos un ejemplo bíblico con uno de los Apóstoles (Pedro), que hablaba como el Maestro, “tú también eres uno de ellos, porque aún tu manera de hablar te descubre”, (Mateo 26:73).
Cuando hablamos, se puede crear una fuerza en el ambiente espiritual, esta fuerza se refiere a la influencia invisible que fluye de las palabras, pensamientos y acciones. Esto lo podemos validar en Proverbio 18:21, “Con el fruto de su boca el hombre sacia su interior, con el producto de sus labios se saciará. Muerte y vida están en el poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto”. Esta influencia llena los pensamientos y acciones mientras el ser va creciendo en el hogar y con medio ambiente de la sociedad inmediata como las escuelas y las comunidades donde se suele frecuentar.
La sociedad o cultura han impuesto restricciones o prohibición sobre ciertos comportamientos, prácticas y palabras que se consideran inaceptables, lo que se llaman palabras groseras, o gestos que se concederán descorteses. Lo que en mi país podría ser considerado una palabra o acción inadecuada en otro lugar tal vez no lo sea, pero una vez conociendo podría evitar una ofensa.
En el gobierno o reino del Padre Eterno no es diferente. Se debate entre grupos de creyentes sobre el ser aceptable un estilo de vocabulario vulgar incluyendo gestos inapropiados. En el viejo hombre no se podía distinguir por lo que era agradable o desagradable ante los ojos del Padre, pero una vez despojados del viejo hombre venimos al conocimiento de sus instrucciones, las que día a día nos van vistiendo de una nueva naturaleza.
Muchas veces se cree que el agregar palabras obscenas o groseras en el hablar, es muestra de autoridad o firmeza, también las emplean para añadir teatro a su comentario. La realidad es que al emitir palabras groseras en la mayoría de los casos es cuando la persona tiene molestia por alguna situación, la cual viene acompañada de un volumen alto en la voz y hasta con gestos no deseables. Es normal presentar disgusto en algún momento, pero el control propio logra en no afectarnos e impactar a los que nos rodean.
El llevar una vida en abundancia y crecer a la imagen del Varón perfecto no pertenece sólo a los líderes, sino a todo el rebaño. Debemos ser cartas abiertas y tener siempre palabras de VIDA y no de muerte. ¿Podrá salir de la boca alabanzas y maledicencias? No salga de vuestra boca ninguna palabra mala o corrompida, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad, para que imparta gracia a los que escuchan, Efesios 4:29.
Cuando hay heridas sin sanar, estas dominan el pensamiento y van dando forma al ser, “Porque cual es su pensamiento en su alma, tal cual es él”, Proverbios 23:7. Podría ser que escuchamos palabras más blandas que la mantequilla o más suave que el aceite, si embargo en su pensamiento, es un sentir contrario, así como una espada que desea herir o matar.
Procuremos sanar las heridas por medio del sincero perdón. La forma de llenar nuestras mentes es abriendo el corazón al amor restaurador de nuestro Salvador, cuando constantemente oramos y nos llenamos de su Palabra, hace que nuestros pensamientos vaya desplazando los malos pensamientos hasta que que seamos restaurados y nuestro pensar y hablar sea amor y poder.
Hablemos vida!
