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La silla de Moisés

Por: Lillian Ramos-Galarza / Capellán. 25 Julio 2025

Muchas veces hemos sido enseñados con la mejor intensión, pero cuando se obtiene una enseñanza basada en mitades del texto y no bajo el contexto completo es lamentable porque acarrea limitación en el aprendizaje, mantenemos a media una enseñanza y podría resultar que vivamos en carencia espiritual.

Un ejemplo de esto, es lo que por mucho tiempo hemos escuchado y por lo tanto creído, referente a Jacobo (Santiago), cuando habló al concilio para defender a los inconversos (gentiles) que estaban llegando al conocimiento y no les fueran de tropiezo. Jacobo propuso que a estos no le añadieran dificultades, que les enseñaran de abstenerse de contaminantes de ídolos, de fornicación, de estrangulados y de sangre, Hechos 15:19-20.

Podríamos pensar entonces, que esto era toda la enseñanza a los nuevos conversos. Cuando seguimos leyendo el versículo 21 dice: “ Porque Moisés, desde generaciones antiguas, tiene en cada ciudad quienes lo proclamen, puesto que es leído cada Shabbat en las sinagogas. Para poder entender porque se menciona a Moisés, es necesario ir a la referencia de Mateo 23:2, “en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos”. En algunas versiones menciona la silla de Moisés.

La silla o cátedra de Moisés, era una silla donde se sentaban a enseñar las escrituras. Era un asiento de autoridad, generalmente ubicado en una posición prominente dentro de la sinagoga, especialmente adornada. Jacobo sabía que cada día de reposo iban a las sinagogas a instruirse, por lo que pidió dejaran a los nuevos creyentes fueran instruidos de poco a poco y no juzgarlos por cosas que desconocían. En este concilio llegaron en acuerdo de repartir cartas a los líderes sobre el asunto y asignaron quienes iban a estar enseñando.

Así que por lo pronto, les enseñaban a los nuevos, cuatro puntos vitales, porque semanalmente continuarían siendo dicipulados. Nuestro Mesías, habló a multitudes y a sus discípulos diciéndoles que guarden y hagan todo cuanto le digan desde la silla de Moisés, pero que no hagan conforme a sus obras, porque dicen y no hacen porque atan cargas pesadas, Mateo 23:1-3. Algunos añadían mandamientos de ellos mismos, mandamientos rabínicos “takanot”, que obligaban a obedecer y que consideraban más importantes que aún los propios mandamientos del Eterno. 

Hoy día no es diferente, cuando llegan nuevos creyentes al conocimiento del Padre, algunos lideres comienzan a juzga la conducta de ellos, cuando la realidad es que no conocen. A esto se añaden mandamientos de hombre en los dicipulados, igual que muchos fariseos hacían y eliminando los mandamientos que salieron de la boca del Padre Eterno, instrucciones divinas, reglas de convivencia en la sociedad y con el prójimo, por lo cual su base es el AMOR.

¿Por qué le llamaban la silla de Moisés? porque enseñaban las instrucciones dada por el Padre Eterno. Moisés fue el instrumento solamente. No fueron los mandamientos de Moisés, son los mandamientos y Palabra del Padre. Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis sus escritos, ¿cómo creeréis mis palabras? Juan 5:46-47.

Las instrucciones (leyes) a los levitas culminaron, porque el sacerdocio pasó a uno mayor que es Yeshua, según el orden de Melquisedec, Hebreos 7:17. Sin embargo, sus mandamientos continúan vigentes, “Si me amas, guarda mis mandamientos”, Juan 14:15. “Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos”, Mateo 5:19. “Aquí está la perseverancia de los santos que guardan los mandamientos del Padre y la fe de Yeshua (Jesús)”, Rev (Apc) 14:12

Foto: (Antigua sinagoga en Corazín), provista con fines educativos.